Basada en la novela de Brenda Navarro, esta obra sigue a dos madres que compartirán con el público el dolor de sus vacíos emocionales desde la pérdida de un hijx
En el escenario de Casas vacías se recrea un parque con un muro pintarrajeado, un tiovivo para jugar y apenas una planta cayendo en cascada en la esquina. ¿Dónde está lo verde y la alegría que normalmente acompaña a este tipo de espacios? Para las protagonistas de esta obra, eso no está, no existe, porque una acaba de perder a su hijo en este lugar, mientras la otra cree haber ganado uno robándoselo.
Casas vacías es una adaptación del libro homónimo de Brenda Navarro de 2019. En él, la autora se deshace de la felicidad supuestamente inherente a la maternidad para seguir a dos mujeres que viven su condición de madres con matices. Una es la madre biológica de Daniel; la otra, autoproclamada mamá, lo rebautiza como Leonel. Lo que va ocurriendo con ambas es complejo y crudo, porque esconden un contexto que las impacta desde el pasado y en su mismo presente.
Llevar todo esto a su representación en vivo era un reto, pero la directora Mariana Gimenez aceptó darle forma en escena. “Al principio, presenté algunas resistencias porque la pandemia fue una etapa difícil y el material es duro. Pero una vez que pasas ese primer obstáculo, ocurre lo contrario. Tiene una mirada compleja y profunda sobre la maternidad y sobre cómo esta sociedad mira a la mujer y a la madre”, comparte en entrevista.
Para Gimenez, hay varios temas retratados en el texto que le interesaron para abordarlos: “Plantea un gran contexto, social, de violencia, no sólo de género. Hay temas que en lo personal me han importado, y uno de ellos ha sido la violencia sistematizada. También la violencia íntima, la que se genera en la familia, en la pareja”.
Sin embargo, ¿cómo lograr darle su propia identidad a la puesta en escena frente a una novela suficientemente poderosa? Al respecto, la directora contesta que quiso aprovechar la contundencia y radicalidad de la narración para conseguir un efecto similar a cuando abres el libro, pero también vio la oportunidad de hacer algo que en el texto original no ocurre: poner a ambas madres, interpretadas por Mariana Villegas y Paula Watson, frente a frente.
“Una tiene la voz cantante, la otra es una especie de voz de su conciencia o que representa a esos otros y otras (los esposos, las madres, el hijo), esos entornos disparadores. Esas voces se van alternando y eso se conserva de la novela […] Pero también quería que estos personajes tuvieran una gran confrontación, una frente a la otra, porque en la novela eso no pasa, hay encuentros casuales, pero donde una no advierte la presencia de la otra”.
Por esos motivos, todo el énfasis está en el cuerpo de las actrices, que combinan movimiento con sus palabras, y en el juego con el escenario, donde el tiovivo trasciende para ser reimaginado como el lugar que la historia necesita y los dibujos en el piso y las paredes se vuelven pistas de lo que van contando las protagonistas, con un color rojo que utilizan para pintar algunas. Incluso la música es compañera de estas vidas agrias.
Al final, Casas vacías es una novela que puede dejar preguntas entre sus lectorxs. Y en el caso del teatro, Gimenez señala que su invitación es a ponerse en el lugar del mundo, desde resolver el enigma de por qué se está aquí hasta entender por qué uno mira así a los demás: “Eso es lo que yo esperaría que suceda siempre que voy al teatro o que alguien va al teatro. No da respuestas, pero plantea una tierra fértil para que se desarrollen nuevas preguntas y se vean las cosas desde distintas perspectivas”, finaliza.
Detrás de su adaptación
Casas vacías fue adaptada por Humberto Pérez Mortera. Cuenta con la producción de Berenice González e Irene Azuela, escenografía e iluminación de Patricia Gutiérrez Arriaga, intervención de escena de Julia Reyes Retana, música original de Miguel Tercero y diseño de imagen de Guram Lubaggi (Avirendra). Luis Arturo Rodriguez fungió como asesor de movimiento escénico. Si te interesa seguir leyendo más de Brenda Navarro, la autora también publicó Cenizas en la boca, donde una hermana será testigo de la muerte de su hermano, iniciando con ello un viaje por sus recuerdos.

¿Cómo llego?
Casas vacías
Dónde: Foro Shakespeare (Zamora 7, col. Condesa)
Horario: vie, 20:30; sáb, 18:00 y 20:30; dom, 18:00
Costo: $400
- Hasta el 13 de abril se presentará esta obra que en cartelera es acompañada por las puestas Todas las noches de un día y ¿Por qué no tengo cama?