Santa Ana Tlacotenco y San Pedro Atocpan son los últimos pueblos náhuatl hablantes de la variante del pueblo chichimeco en la CDMX
“No, nuestra lengua náhuatl nunca va a morir, el día que muera es cuando se acabe el sol y como el sol es eterno, nuestra lengua también. No somos la última generación, seguimos inculcando a los jóvenes y niños que se siga practicando”. Estas son las palabras de la maestra Minerva Rioja Iglesias, esperanzada en no dejar morir su lengua madre.
Minerva es integrante del frente común de Santa Ana Tlacotenco, uno de los 12 pueblos que conforman la alcaldía Milpa Alta de la CDMX, y además es miembra de Las Tlacualeras, un grupo de cerca de 25 personas que se encarga de enseñar a través de cantos, poemas y danzas el náhuatl de la variante tolteca-chichimeca, lxs primerxs habitantes de esta zona montañosa de la capital.
Las Tlacualeras retoman la indumentaria que se ha nombrado como el Atuendo Tradicional del Altiplano Central para danzar y cantar en la variante náhuatl que aún se habla en esta región tlacotense. “Enseñamos la palabra”, dice sobre la actividad que este grupo mayoritariamente femenino realiza cada martes y jueves, de 17:00 a 20:00.
Si bien muchas personas de Santa Ana Tlacotenco practican el náhuatl desde su cotidianidad, en el trabajo del campo, mientras cuidan sus animales o en sus quehaceres domésticos, la mayoría de ellas tienen entre 70 y 85 años de edad y muchas incluso no saben leer ni escribir. Sin embargo, “traen la palabra de la lengua náhuatl y la comparten con nosotros”, explica Jovany López Tlaixco, un joven que tiene claro que aunque quedan pocxs hablantes, seguirán luchando para no dejar morir su lengua.
En la Ciudad de México, las únicas alcaldías donde aún se habla el náhuatl como lengua materna son Milpa Alta, Xochimilco y un mínimo en Tláhuac. Y aunque la mayor parte de lxs hablantes viven en Milpa Alta, la variante tolteca-chichimeca sólo se usa en los pueblos de Santa Ana Tlacotenco y San Pedro Atocpan; el resto habla el náhuatl mexica o clásico.
“Resistimos desde la lengua, porque es todo, es nuestra forma de vida, de nuestro quehacer, la vida comunitaria, el campo, nuestro bosque, nuestra vestimenta, la flora y la fauna, nuestra identidad”, resalta Jovany.
El náhuatl más allá de la escuela
Semanas atrás, la jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, anunció que su administración trabaja en la implementación de un programa piloto de enseñanza del náhuatl en 78 secundarias públicas, aunque aún se desconoce a detalle cómo funcionará y quiénes estarán a cargo.
Al respecto, el lingüista y experto en lenguas originarias, Francisco Javier Félix Valdez, señala que es primordial el uso del náhuatl desde la casa y en la vida cotidiana para fortalecerlo. Es decir, no sólo basta con algunas horas de escuela, sino que también es responsabilidad de la familia y la comunidad.
“Hablarles desde la lengua materna a los hijos, de esta manera se puede lograr que estos conocimientos se mantengan. Conocimientos para curarse, para alimentarse, para organizar la vida y valores… Por eso es importante que los papás hablen con sus hijos en sus propias lenguas”, expone.
Minerva aprendió el náhuatl y el español al mismo tiempo. Ahora que ya está jubilada se enfoca en las labores domésticas y las de campo. El resto de su tiempo lo dedica a “compartir la palabra” junto al grupo de Las Tlacualeras. Aparte de enseñar cantos, poemas y danzas desde la lengua, también visitan las primarias y secundarias.
Educación en su propia lengua
Sólo la lengua náhuatl tiene 43 variantes registradas en 15 de las 32 entidades federativas del país, de acuerdo con el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI). Pero ninguna es de la variante tolteca-chichimeca que se habla en Santa Ana Tlacotenco y San Pedro Actopan. “No la hay, en estos últimos tiempos le nombran náhuatl de Tlacotenco”, expone Jovany López.
“Entre las variantes está siempre la de la academia y no nos han preguntado sobre nuestra variante. Creemos que no es de su conocimiento que hay dos variantes en Milpa Alta y nunca nos han preguntado… Sólo tienen registrado el náhuatl mexica o clásico” añade el joven, al considerar que el programa de clases en náhuatl anunciado por el gobierno capitalino podría volver a ignorar su variante tolteca-chichimeca.
En este contexto, el lingüista Javier Félix indica que la educación tendría que ser en la propia lengua de cada pueblo originario. “En México tenemos muchas lenguas, entonces tendríamos que tener esas ciencias o disciplinas como las matemáticas, la lingüística, la medicina en nuestras propias lenguas, en todas las variantes”.
Una variante que se resiste a morir
Mientras tanto, en Milpa Alta quedan pocas familias hablantes del náhuatl, y mucho menos de la variante tolteca-chichimeca, quienes resisten día a día para no dejar morir su lengua. “La cultura no tiene precio, debemos compartirla. Somos como un libro y si el libro no lo abrimos, es una cultura muerta”, agrega Minerva.
Jovany seguirá hablando su variante, de la que se siente orgulloso, pesé a que está en riesgo de desaparecer por la baja cantidad de hablantes y por la falta de políticas del Estado para preservarla. “Tratamos de defender nuestra variante, porque ahora los gobiernos le hacen más caso a la lengua clásica; nuestra variante va muriendo, entonces vamos resistiendo junto con el caminar que tenemos en la comunidad. Nuestro sentir está muy arraigado a nuestros abuelos, a nuestra variante y es la que queremos seguir hablando”.

Lxs tlacotenses son reconocidxs entre lxs milpaltenses por ser quienes más han conservado sus costumbres y tradiciones. Es el caso de las danzas que se ejecutan en diversas fiestas patronales, entre ellas, las de Pastoras, Aztecas, Vaqueros y la popular Danza de las Tlacualeras
- Sólo 4% de lxs habitantes de Milpa Alta hablan náhuatl como su lengua materna y la mayoría ronda los 70 años
- 43 variantes de náhuatl tiene registrado el INALI en 15 de las 32 entidades federativas de México