La Secretaría de Trabajo capitalina presentó un modelo para que las empresas desarrollen mecanismos de prevención, atención y monitoreo de casos
La violencia de género es un lastre que las chilangas padecen a diario en sus trabajos. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en la Ciudad de México 34.6% de las mujeres de 15 años y más ha vivido situaciones de violencia física y/o sexual a lo largo de su vida laboral.
Con el objetivo de erradicar este tipo de conductas, la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo capitalina presentó recientemente un modelo para que las empresas desarrollen protocolos para prevenir la discriminación por razones de género y atender casos de violencia laboral, hostigamiento y acoso sexual en los centros de trabajo.
“Su diseño se fundamenta en el marco normativo nacional e internacional en materia de derechos humanos, asegurando el cumplimiento de las normativas pertinentes y garantizando la protección de los derechos de las personas trabajadoras”, explicó Inés González Nicolás, titular de la dependencia.
¿De qué trata la estrategia?
El Modelo para la elaboración de protocolos para prevenir la discriminación por razones de género y atender casos de violencia laboral, hostigamiento y acoso sexual en los centros de trabajo de la Ciudad de México contiene diversos apartados como mecanismos de prevención, atención, monitoreo de los casos, protección para víctimas y sanciones para los agresores.
Para ello, recomienda crear al interior de las empresas un comité capacitado que implemente estos procedimientos, el cual, de ser posible, esté certificado para atender las denuncias de las mujeres.
“Las personas que estén al frente de estos comités deben ser personas que tengan el perfil para poder ejercer un trabajo sensible, de gran importancia para abatir los casos de acoso y hostigamiento sexual que ocurren en el mundo del trabajo”, añadió la funcionaria.
Dicho órgano deberá operar bajo ocho componentes éticos clave: cero tolerancia a estas conductas; honestidad y transparencia; respeto y dignidad; responsabilidad y compromiso; cumplimiento de normas y leyes; justicia e igualdad sustantiva; confidencialidad y lealtad, además de trabajo en equipo y colaboración.
El documento incluye recomendaciones dirigidas a centros laborales y empleadorxs, así como anexos con propuestas de canalización para que las trabajadoras sepan a dónde acudir en caso de requerir apoyo.
También contiene un manifiesto que debe colocarse en los espacios visibles del trabajo, en el que lxs responsables del mismo expresarán claramente el rechazo de cualquier forma de discriminación y violencia laboral.
“Tenemos que hacer las cosas bien. No sólo buscamos la sanción, sino que los empresarios tomen conciencia y cumplan. Si hay voluntad, se logra”, abundó González Nicolás.
Protección a víctimas y sanciones
Las víctimas, establece el documento, podrán acceder a medidas de protección de carácter administrativo tales como la suspensión de la persona agresora durante la investigación del caso y restricciones de contacto, acercamiento domiciliario y laboral con la persona afectada.
Finalmente, el comité tendrá la facultad de aplicar sanciones proporcionales a la gravedad de la conducta ilícita como amonestación por escrito, suspensión del trabajo, despido justificado, entre otras medidas disciplinarias que se consideren pertinentes y que se ajusten al principio de respeto a los derechos laborales.
Un modelo feminista
El modelo de protocolos fue elaborado por mujeres que reclaman sus derechos y justicia laboral. “Cuando empezamos a ver el protocolo nos damos cuenta que está hecho por feministas. Las mujeres buscamos la justicia en todos los ámbitos porque ya no queremos que haya brechas de desigualdad y el ámbito laboral es vital e importante”, expresó Concepción Cueto, directora de acciones para erradicar la discriminación de la Secretaría de las Mujeres local.
- 34.4% de las mujeres víctimas de violencia identificaron a un compañero de trabajo como el agresor principal